Situada entre las provincias de Zamora y Valladolid, en Castilla y León, la Denominación de Origen Toro se constituyó en su forma actual en 1987, aunque respalda una tradición mucho más antigua: sus vinos acompañaron a Cristóbal Colón en el viaje del Descubrimiento y fueron, por tanto, los primeros en llegar al continente americano.
El viñedo de Toro es anterior a los romanos, aunque fueron ellos quienes impulsaron la viticultura en la cuenca del Duero desde el 210 a.C. En la Edad Media sus vinos gozaron de privilegios reales y, por su capacidad de conservarse en travesías largas, viajaron con Colón al Nuevo Mundo. La filoxera marcó el siglo XIX: primero disparó las exportaciones a Francia y después, ya en España, asentó la Tinta de Toro en suelos arenosos que aún permiten cultivar en pie franco. Reconocida por primera vez en 1933, la denominación actual se fundó en 1987.
La D.O. Toro se extiende por el sureste de Zamora y el suroeste de Valladolid, en el extremo occidental de Castilla y León, sobre parte de las comarcas naturales de Tierra del Vino, Valle del Guareña y Tierra de Toro, lindando con los páramos de Tierra del Pan y Tierra de Campos. El Duero la recorre de este a oeste y dibuja paisajes singulares y suelos diversos según la zona, entre ellos los terrenos arenosos, sueltos y bien drenados donde arraiga la Tinta de Toro.
La Tinta de Toro es la variedad predominante y autóctona de la zona: crece en terrenos arenosos y bien drenados que aún permiten cultivarla en pie franco, y desde el plan de selección clonal impulsado por la Junta de Castilla y León en 1990 dispone de sello de certificación propio, con etiqueta azul y número de clon. Junto a ella se autorizan la Garnacha Tinta y, entre las blancas, Malvasía Castellana, Verdejo, Albillo Real y Moscatel de grano menudo.
Fotografía: TurisOnRoad