La Ribera del Duero acumula más de 2.500 años de cultura del vino. Los restos del yacimiento vacceo de Pintia (Padilla de Duero, Peñafiel) demuestran que ya entonces se conocía y consumía vino en la zona, y el mosaico romano hallado en 1972 en Baños de Valdearados —66 metros cuadrados, la mayor pieza con alegorías báquicas de la Península— lo confirma. En el siglo XIII, las primeras bodegas excavadas bajo las villas impulsaron la producción, el comercio local y la exportación al resto de Castilla.
El clima es mediterráneo de carácter continental: veranos secos, inviernos largos y rigurosos, precipitaciones escasas y gran oscilación térmica. El frío intenso retrasa el brote de la vid y los bruscos contrastes térmicos entre el día y la noche a finales de verano equilibran el fruto durante la maduración, para vendimiar en otoño una uva de magnífica calidad.
Los suelos combinan arenas limosas o arcillosas con capas alternas de calizas y concreciones calcáreas, en una cuenca ondulada de colinas erosionadas por el río, con cotas que van de los 911 metros de los páramos a los valles junto al cauce.
La uva Tempranillo es la variedad principal, la que otorga el color, aroma y cuerpo característico a los vinos tintos de la Ribera del Duero. En menor medida cultivan otras variedades como Cabernet Sauvignon, Merlot, Malbec y Garnacha Tinta. La principal variedad de uva blanca autorizada es la Albillo Mayor.
La D.O. Ribera del Duero agrupa varios centenares de bodegas. La mayoría se concentra en la llamada Milla de Oro, el tramo de ribera vallisoletana entre Peñafiel y Quintanilla de Onésimo.
Entre las bodegas más reconocidas de la Ribera del Duero destacan Vega Sicilia, con historia desde 1864; Dominio de Pingus, gran nombre de culto; Pago de Carraovejas, famosa por su gastronomía; Protos, fundada en 1927 y excavada bajo el cerro del Castillo de Peñafiel; Aalto, reconocida por su gran calidad.
Fotografía y Logo: D.O Ribera del Duero.