Uno de los secretos mejor guardados de la Galicia interior, la Ribeira Sacra se constituyó como Denominación de Origen en 1996 para proteger el origen, garantizar la calidad y promocionar sus vinos, profesionalizando el sector y recuperando el carácter vinícola de su paisaje. Comprende cinco subzonas: Amandi, Chantada, Quiroga-Bibei, Ribeiras do Miño y Ribeiras do Sil. Sus viñedos se cultivan en terrazas o bancales sobre pendientes que pueden alcanzar el 100%, lo que impide mecanizar los trabajos. Es así uno de los mayores exponentes de la «viticultura heroica»: altitud superior a 500 m, pendientes de más del 30%, cultivo en bancales y pequeñas superficies.
La Ribeira Sacra la integran veintiséis ayuntamientos del sur de Lugo y el norte de Ourense, unidos por el curso fluvial de los ríos Miño, Sil, Cabe y Bibei. Las laderas del Miño, del Sil y otros ríos menores, cubiertas de viñedos en bancales, junto a sus cañones y sus numerosas iglesias y monasterios, marcan el paisaje y definen su carácter. A ello se suma la diversidad de su flora, con bosques autóctonos principalmente de castaños y robles. Completan el conjunto las zonas de montaña, como Cabeza de Manzaneda o el Faro, y la vegetación propia de los espacios de ribera.
Los vinos amparados por esta denominación se elaboran exclusivamente con variedades en las que predominan las autóctonas. Entre las preferentes figuran las tintas Mencía, Brancellao, Merenzao, Sousón, Caíño Tinto y Tempranillo, y las blancas Godello, Albariño, Loureira, Treixadura, Dona Branca y Torrontés. Como variedades autorizadas se admiten las tintas Garnacha Tintorera y Mouratón.
Fotografía: TurisOnRoad