Navarra atesora una historia vinícola milenaria: desde la Vitis Silvestris, la vid primitiva hallada recientemente en la región, hasta los primeros registros documentados en época romana y su máxima expansión en el siglo XV. La filoxera arrasó el viñedo en el XIX —de 50.000 hectáreas solo sobrevivieron 1.500—, pero el sector se recuperó y hoy suma más de 9.000 hectáreas en cinco zonas de producción, con vinos que combinan tradición e innovación.
Apenas cien kilómetros separan el norte y el sur de Navarra, pero bastan para reunir los valles frescos y lluviosos del Pirineo y las llanuras secas del Ebro y las Bardenas Reales. Esa confluencia excepcional entre clima atlántico y mediterráneo define más de 9.000 hectáreas de viñedo repartidas en cinco terruños: Tierra Estella, Valdizarbe, Baja Montaña, Ribera Alta y Ribera Baja.
Navarra reúne un amplio abanico de variedades blancas y tintas que permiten elaborar vinos de todos los estilos. Más del 70% del viñedo lo ocupan variedades autóctonas, como la Garnacha Tinta o el Tempranillo, mientras que el 30% restante corresponde a las grandes variedades internacionales, entre ellas el Cabernet Sauvignon o el Chardonnay. En conjunto, la D.O. ampara 9 variedades tintas y 7 blancas, y la producción es marcadamente tinta: el 90% de la uva frente a un 10% de blanca.
Entre las principales bodegas de la D.O. Navarra destacan:
Bodegas Irache, famosa por su historia ligada al Camino de Santiago y por su fuente del vino para los peregrinos.
Bodegas Chivite, referente histórico e internacional del vino navarro, reconocida por sus rosados y sus blancos de alta gama.
Bodegas Camilo Castilla, fundada en 1856 en Corella y considerada la más antigua de Navarra.
Fotografía y Logo: INTIA