Cervantes los descubrió y la historia hizo el resto
Hablar de los vinos con Denominación de Origen La Mancha es descubrir la esencia de una de las regiones vitivinícolas más emblemáticas de España. Situada en el corazón de Castilla-La Mancha, esta tierra de amplios horizontes, tradición y cultura produce vinos reconocidos por su calidad, autenticidad y personalidad única.
Con sus interminables hectáreas de viñedo, conforma la zona vitivinícola más extensa del mundo.
Aunque los orígenes documentados de la viticultura en La Mancha datan de los siglos XII y XIII, tras la repoblación cristiana, todo apunta a que el cultivo de la vid era ya habitual desde época romana. Su prestigio quedó reflejado en el Don Quijote de Cervantes y, gracias a la cercanía a la capital del reino, sus caldos se convirtieron en los vinos de la corte durante el Siglo de Oro. La llegada del ferrocarril en el siglo XIX les abrió nuevos mercados, y su posición aislada en el interior peninsular hizo que el viñedo manchego resistiera especialmente bien la filoxera. Con todo, su máxima expansión no llegó hasta la década de 1940, con la implantación de numerosas cooperativas vinícolas en toda la región.
La Mancha es, a grandes rasgos, un amplio altiplano: una tierra sin grandes desniveles, con un relieve aplanado a lo largo de millones de años, primero por la erosión del viejo Macizo Herciniano y después por la acumulación de profundos depósitos sedimentarios. La Denominación se reparte por 192 municipios: 71 en Cuenca, 62 en Ciudad Real, 46 en Toledo y 13 en Albacete. Villarrobledo, en Albacete, es el municipio con mayor superficie de viñedo inscrito de la Denominación y probablemente del mundo, con 14.620 hectáreas, seguido de Socuéllamos, Alcázar de San Juan, Tomelloso y Campo de Criptana, en Ciudad Real, Mota del Cuervo, en Cuenca, y Villanueva de Alcardete, en Toledo.
La Denominación de Origen La Mancha alberga una extraordinaria diversidad de variedades de uva. La Airén es la blanca tradicional y más representativa, perfectamente adaptada a la sequedad y las altas temperaturas de la región, y da vinos frescos, equilibrados y afrutados. La Tempranillo, conocida localmente como Cencibel, es la tinta más emblemática, con vinos de intenso color, aromas a frutos rojos y excelente estructura, tanto jóvenes como en crianzas y reservas. Junto a ellas conviven variedades tintas internacionales —Syrah, Cabernet Sauvignon, Merlot, Petit Verdot y Garnacha— y otras blancas de gran expresión —Verdejo, Sauvignon Blanc, Macabeo o Viura, Chardonnay y Moscatel de Grano Menudo—, que aportan perfiles aromáticos muy diferentes.
Fotografía: Logo y fotografía: D.O La Mancha