España
Benirrama, uno de los pueblos más pintorescos de la Vall de Gallinera, conserva la esencia de los pueblos de montaña alicantinos: casas de piedra, calles estrechas y un entorno natural que invita al descanso. Es un punto de partida ideal para recorrer la Ruta de los 8 Pueblos o disfrutar de la floración de los cerezos en primavera, uno de los espectáculos más bellos de la Vall de Gallinera.
El pueblo se asienta sobre una llanura natural con vistas privilegiadas sobre el valle. Cuenta con una población de unos 80 habitantes, aunque los fines de semana y en verano sus calles se llenan de vida con el regreso de muchos vecinos y visitantes.
A su alrededor destacan tres fuentes naturales: la Font del Llavador, la Font de Benimarsoc y la Font de la Mata, esta última en un paraje muy popular con mesas y sombra, ideal para hacer un alto en la ruta.
En el entorno se conservan también los restos de antiguos molinos harineros —el Molí de Dalt y el Molí del Mig—, testimonio de la actividad agrícola y molinera que dio vida al valle durante siglos.
En el centro de Benirrama se alza la iglesia de San Cristóbal, de estilo neoclásico, con nave única, capillas laterales y un pequeño crucero. En su interior se conserva una valiosa pintura sobre tabla titulada El Juicio Final y la misa de San Gregorio, posiblemente del siglo XVI.
En las cercanías, a los pies de la Sierra del Almirant, se encuentran las pinturas rupestres de Benirrama, descubiertas en 1977. Este abrigo muestra representaciones de arte esquemático y levantino, con figuras humanas y animales que datan de entre el cuarto y el primer milenio a. C., reconocidas como parte del Arte Rupestre del Arco Mediterráneo, declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO.
Fotografías: La Vall de Gallinera Turisme.
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